Quise tocar el cielo, pero cuando estaba a dos metros, la codicia y la envidia me escupieron al suelo como si de una pluma se tratara. Cuanto más lo intento más me obstruyo, me deshago. Mil pinchazos se me atribuyen, cuan desengañado y cruel yo sea. Esperando al día que muera, para poder tocarlo entero.
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